China y EE UU tratan de normalizar sus relaciones militares

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Las disputas comerciales y las tensiones en la relación bilateral quedaron momentáneamente aparcadas. El secretario de Defensa de EE UU, James Mattis, y su homólogo chino, Wei Fenghe, se reunieron este jueves en Singapur, en los márgenes de un encuentro regional de ministros, para asegurarse de que, pese a las actuales presiones, la relación militar entre Washington y Pekín se mantiene en los límites de la cordura y en condiciones de evitar que un accidente pueda transformarse por error en una escalada violenta.

Los dos tenían previsto haberse reunido en Pekín este mes, pero China canceló en septiembre el encuentro. Una reacción a la imposición estadounidense de sanciones contra el Ministerio de Defensa chino y varios de sus funcionarios por la compra de armamento a Rusia, en una semana en la que los dos países habían también impuesto y contraimpuesto aranceles a las respectivas importaciones.

Los riesgos de que el tono se elevara demasiado en las tensiones militares quedaron de manifiesto cuando, a principios de este mes, un barco militar chino estuvo a punto de chocar con un destructor estadounidense en aguas en disputa en el mar del Sur de China. Las tensiones habían continuado con vuelos de aviones estadounidenses el martes pasado sobre esas aguas que Pekín considera suyas

Ahora había sido China quien había sugerido la reunión en Singapur, aprovechando el encuentro de ministros de Defensa de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (Asean).

Ambos responsables militares se saludaron estrechándose las manos antes de iniciar una conversación que duró noventa minutos y tuvo un carácter “directo y sincero”, según el Pentágono. La situación en el mar del Sur de China, cuyas aguas reclama Pekín casi en su totalidad y donde Estados Unidos asegura que defiende la libertad de navegación, fue uno de los principales asuntos del encuentro.

“Es un área sobre la que vamos a seguir teniendo diferencias y vamos a seguir hablando”, declaró a los medios el secretario de Defensa adjunto, Randall Schriver.

El hecho de que hablen es positivo. “Dos potencias nucleares con intereses regionales, si no globales… Necesitamos asegurarnos de que cuando nos metemos el uno en el camino del otro, la situación no va a más y se convierta en algo que pueda ser catastrófico”, había declarado previamente Schriver a la prensa que acompaña a Mattis.

Al margen de las conversaciones con su homólogo chino, Mattis aprovechará la ocasión para mandar un mensaje tranquilizador a sus socios en la región. Se trata del segundo viaje del jefe del Pentágono a la ciudad Estado asiática en apenas unos meses, después de que participara en junio en el Diálogo Shangri-La, el principal foro anual de seguridad en Asia.

Si entonces el viaje de Mattis quedó marcado por el encuentro que ocurriría días después entre Donald Trump y el líder norcoreano, Kim Jong-un, también en Singapur, su actual participación en la cumbre de ministros de Defensa de la Asean (Singapur, Malasia, Filipinas, Tailandia, Indonesia, Vietnam, Laos, Camboya, Myanmar y Brunéi) pretende convencer de que Estados Unidos no permitirá que la zona quede a merced de China.

“Consideramos a la Asean clave para preservar los intereses en seguridad y la paz en el Pacífico”, enfatizó Mattis el lunes de camino a Vietnam, su parada previa a Singapur. “Estados Unidos es una nación del Indo-Pacífico”, reiteró a los periodistas que le acompañan durante el viaje, utilizando la consigna que la Administración de Donald Trump emplea para referirse a la región para contrarrestar a China.

Más que las palabras de Mattis, ya pronunciadas en visitas previas sin que calaran del todo, es la reciente actividad militar estadounidense en el mar del Sur de China la que puede marcar una diferencia entre los países que dudan sobre el compromiso de EE UU con la zona. Cuatro miembros de la Asean, Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunéi, mantienen disputas territoriales con China en esas aguas. Filipinas, aliado histórico regional de Estados Unidos, ha dado últimamente un giro hacia Washington después de que su presidente, Rodrigo Duterte, abogara por acercarse a Pekín al comienzo de su mandato hace dos años. El mismo Mattis se reunió a finales de septiembre con el secretario de Defensa filipino, Delfin Lorenzana, para discutir sobre la expansión militar de China en los mares vecinos; ambas partes acordaron en consecuencia fortalecer la cooperación para modernizar las fuerzas militares filipinas y aumentar sus ejercicios militares anuales conjuntos de 261 a 281.

Pero los intentos de Estados Unidos por afianzar lazos con la región para frenar la expansión china encuentran límites difícilmente superables. Por un lado, China lleva casi una década consolidada como el principal socio comercial de la Asean, con Vietnam, Malasia y Tailandia a la cabeza, y por otro la estrategia de Estados Unidos de acercarse a India como contrapeso a China no convence ni a propios ni a extraños.

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